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martes, 9 de marzo de 2010

El Chalecito de la 9 de Julio.


                                                                     archivo web
Los que nos negamos a caminar recatadamente, con la mirada hacia el piso y nos jugamos a llevarnos un buen porrazo por mantener la vista en las alturas... tenemos nuestras recompensas.. descubrimos en esta hermosa ciudad de Buenos Aires, curiosidades arquitectònicas que a otros se les niega
Y asì es que cada tanto, caminando por la 9 de Julio, alguien se sorprende preguntàndose ¿quién habrá sido el loco que se hizo semejante " chalet " en la punta de un edificio asomándose a la 9 de Julio?
La historia es interesante y muestra como el esfuerzo puede traducirse en un sueño realizado
Para los que no lo conocen y quieren enterarse de qué se trata este curioso injerto arquitectónico hay que subir a la terraza del edificio de nueve pisos en Sarmiento 1113, casi esquina Cerrito. El chalé está retirado de la línea municipal y mira de frente a la calle Sarmiento.

Su historia comienza cuando finalizaba el siglo XIX, y Don Rafael Diaz , un inmigrante valenciano, con sus jòvenes 15 años ya trabajaba como vendedor durante el dia en una mercerìa de la calle Chacabuco y a la noche dormìa sobre el mostrador del mismo negocio
Su empleador ante tanto empeño, le repetìa la frase que quedarìa grabada a fuego,en su mente..: "Ud va a ir al Paraiso, Rafael, usted tiene un chalecito reservado en el cielo"
Este latiguillo repetido infinidad de veces dio origen a la idea del chalet en la cima del edificio, que se asoma sobre la 9 de Julio y que se codea como vecino de la mismísima punta del Obelisco.

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Esta idea de tener una casita en el cielo obsesionó a don Rafael y la puso en pràctica... no quiso esperar hasta pasar a la otra vida. Un día él iba a tener un edificio de diez pisos -en el que sólo se vendieran muebles-, coronado por un "chalet normando" como uno que había visto en Mar del Plata, del cual se habìa enamorado. En 1927 terminó de dar forma a su sueño. Inauguró Muebles Díaz, que se convirtió en una de las grandes tiendas de Buenos Aires. Todo el mundo la conocía como... "la mueblería del chalecito".

El hombre decidió hacerlo una sucursal de su casa, vivìa en la provincia, en Banfiel, el trayecto era largo y no podìa volver a almorzar, entonces, creó allí su segundo hogar. En su chalecito, comía en la primera planta, dormìa un poco a la tarde como para reponer energìas y volvía a trabajar.
Su chalet era su atalaya, desde allì gustaba mirar la ciudad y en dias claros se permitìa divisar las costas uruguayas. Desde esas ventanas, fue testigo de la abertura de la 9 de julio y de como , bloque a bloque, se levantò el Obelisco en 1936.

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Tosco pero muy despierto para los negocios, Díaz fue un precursor en la venta por catàlogo financiado, con una idea clara del marketing,...sabía que la publicidad era la clave de su negocio pero no quería pagar por ella, y supuso que el chalecito era la mejor publicidad. Cuando lo edificó, la calle era muy angosta y no había ángulo desde el cual divisarlo, pero tuvo suerte o ayuda del cielo porque pronto se abrió la 9 de Julio. Y el chalecito pasó a ser parte de la típica postal de la Buenos Aires de la època.
Hoy, para acceder al chalet hay que subir por ascensor. En la planta baja funciona la administración del edificio, y en el primer piso, oficinas, Emulando a los chalet normandos de Mar del Plata que tanto le gustaban, el techo es de teja francesa y el comedor conserva el bow window con vitrales. Sobrevivieron las baldosas con arabescos del baño.
Al último piso se llega por una escalera caracol.. Los ventanales enmarcan una vista única de Buenos Aires. Es posible estar bajo el techo a dos aguas del altillo y mirar cara a cara, la punta del Obelisco.
En la terraza se mantienen los maceteros repletos de flores, una imàgen de cómo se vería cuando Diaz la convirtió en un jardín donde se exponían muebles de exterior.
Los memoriosos recordaràn quizàs que en los años 40 y 50 "Muebles Diez" fue una de las mayores mueblerías de América latina, precursora de los actuales showroom, pero como todo..hay ciclos y la decadencia tambièn le llegò.
Rafael Diaz falleció en 1968. y el negocio quedó en manos de sus hijos y, hacia fines de los años 70, los pisos se alquilaron para otros usos. Con el auge de los carteles lumínicos, el pequeño gran chalet, el símbolo de un sueño , quedó tapado.
Por años estuvo abandonado y oculto. Y así fue como los porteños terminaron desconociendo la historia de aquel "chalet normando" asomándose a la 9 de Julio, producto de espìritu tesonero de un inmigrante valenciano

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