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miércoles, 16 de febrero de 2011

La Ciudad de los Muertos-(2ª parte).

Retomo una frase de la primera parte del Cementerio de la Recoleta ..."Los distintos estilos arquitectónicos de las bóvedas, las esculturas, el ornato en general , revelan a la sociedad porteña de esa época, donde la pujanza econòmica y el estatus se seguía mostrando hasta en la muerte... tanto mostraban la vida diaria que hasta las reyertas familiares fueron plasmada en sus últimas moradas.." un claro ejemplo de ello es la bóveda de Salvador María del Carril.
Para ubicarnos ... Salvador María del Carril, con un desempeño brillante en la vida política, se casó con Dña. Tiburcia Dominguez. Los del Carril parecían un matrimonio felíz y amoroso, pero las incompatibilidades en la pareja crecían con el paso del tiempo, y más aún debido a los terribles enfados de doctor con su esposa ante los excesivos gastos de ella, en perfumes, vestidos , joyas... es lo que ahora llamaríamos de Tiburcia, una "compradora compulsiva"......
Su esposo le pidió reiteradamente que terminara con tal despilfarro, pero como no obtuviera respuesta favorable, harto de la situación , solicitó se publicara en todos los diarios de la época el siguiente mensaje...

"NO ME HARÉ RESPONSABLE DEL PAGO DE LAS NUEVAS DEUDAS DE MI ESPOSA, Y SOLICITO SE LE SUSPENDA EL CREDITO. ...Dr SALVADOR MARIA DEL CARRIL"
Esta publicación abochornó tanto a Tiburcia, que "jamás volvió a dirigirle la palabra a su esposo", situación que duró mas de 30 años hasta la muerte de del Carril
Tiburcia pese a todo, honró a su marido en la hora final haciéndole erigir una última morada en el cementerio de la Recoleta. Se lo encarga al escultor Camilo Romairone, la obra lo constituye un pabellón con un baldaquino en forma de aguja coronado por la figura del dios Cronos , dios del tiempo, y debajo de él, protegida, la estatua de su esposo sentado comodamente en un sillón, mirando hacia el sur.


Pero las ansias de venganza no terminan allí, finalizado el duelo Tiburcia dilapida toda su herencia en la construcción de la estancia La Porteña en Lobos, provincia de Buenos Aires, convoca al arq. Fabré, al paisajista Thays y a artistas italianos y franceses para la construcción del gran palacete y allí Tiburcia comienza a desarrollar esa vida social de la que Salvador la había privado durante tantos años. Cuando Tiburcia siente que está pronta su partida quiere dejar prueba de ese odio pertinaz para que trascienda a la muerte.. y lo hace nuevamente en el mausoleo familiar.
Mediante constancia testamentaria solicita que a su desaparición se realizara un pequeño busto de ella, que se eligiera otro escultor, que se lo colocara de espaldas al de su esposo, incómoda, muestra de como había sido su vida en común, no quieriendo mirar en la misma dirección que su marido por la eternidad y que se lo ubicara por fuera del baldaquino, tan desprotegida como en vida la habia obligado a vivir él... Y así los vemos de espalda .. ignorándose, con un enojo que , refleja su vida en común y que perdura a través de la muerte.
El cementerio de la Recoleta tiene historias a montones, les sugiero visitarlo , hay guias locales, se puede comprar en su acceso un cuadernillo con las ubicaciones de los mausoleos, pero luego de eso los invito a recorrelo , mirar y disfrutar los exquisitos detalles, hay cantidad de esculturas, vitrales, estilos arquitectónicos, símbolos masones, quizás se piense que es tétrico... pero no es así, hay tanta belleza que la muerte queda relegada a planos lejanos
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5 comentarios:

  1. Qué historia!!!!!! y cuanto resquemor!!!!!!!Podrías seguir contando mas!!!!!Los "lejanos" te lo agradeceremos!!!!!!

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  2. Del amor al odio hay un solo paso ..El cementerio de la Recoleta tiene infinidad de historias.. despuès seguirè contando algunas otras .

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  3. Me encantó la historia! Bravo por la señora Tiburcia!

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  4. Las historias interesan.. bueno, a pedido del "pùblico".. ja, ja,.. seguirè con las historias de los "habitantes" del cementerio ...!!!

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