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lunes, 17 de septiembre de 2012

Los camposantos que tapó la ciudad.



En capas como las de una cebolla la ciudad oculta su pasado, asì fueron cubrièndose. a travès del tiempo los rastros de otros estilos de vida, entre ellos sus camposantos, muchos de la època colonial, restos que tienen su propia historia para contar.


Quièn imaginarìa que a pocos metros bajo tierra, debajo de la Plaza de Mayo, la Plaza España, la plaza 1º de Mayo, el Parque Los Andes de Chacarita, la sede central del banco Naciòn , la intersecciòn de Corrientes y 9 de Julio, entre otros màs, por nombrar los lugares màs conocidos , se encuentran restos de los alrededor 40 viejos cementerios , morada de antiguos pobladores de fines del siglo XVII y XVIII.
"Para el 1600, los entierros se hacìan dentro de los templos. Luego se abrieron camposantos anexos a las iglesias ante el aumento de la cantidad de fallecidos, y después se crearon los cementerios, con la llegada de las epidemias, a principios del 1800. Este mapa de alrededor de 40 lugares de entierro fue elaborado por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural (Cpphc) porteño.
En la tarea de investigación, a cargo de la titular de la Comisión, Leticia Malonese, y el historiador Leonel Contreras, se analizaron las costumbres de los porteños al momento de enterrar a un ser querido. Según el relato, las personas de la clase alta eran sepultadas en los interiores de los templos, mientras que la gente del pueblo, los esclavos o reos eran enterrados en anexos. Una muestra fue la Iglesia de San Miguel, construida en 1727, en lo que hoy es la esquina de Tacuarí e Independencia, y luego trasladada a Mitre y Suipacha, en cuyo cementerio, actual plaza Roberto Arlt, eran enterrados los pobres y ajusticiados.
Para 1800, existieron dos cementerios donde se enterraba a los habitantes “disidentes” que no profesaban la religión católica apostólica romana, sino que eran protestantes.
El primero de ellos, llamado “Del Socorro”, estaba ubicado en Juncal y Suipacha, donde eran enterrados los ciudadanos de origen estadounidense y alemán, y el restante, el “Victoria”, situado en lo que hoy es la plaza 1º de Mayo, en el barrio de Balvanera, albergó a los fallecidos de la comunidad británica. En ese mismo lugar, según se cree, fueron inhumados los primeros habitantes judíos de la ciudad de Buenos Aires, que para comienzos de 1900 fueron trasladados hacia la primera necrópolis propia, en el partido bonaerense de Avellaneda.
Las distintas epidemias que azotaron la ciudad obligaron a las autoridades locales del momento a destinar campos alejados como lugares de entierro para los miles de muertos
Así fue como surgió el “cementerio provisorio por epidemia de cólera”, bajo la actual Plaza España, en Barracas, que luego fue reemplazado por el “Del Sud”, donde hoy está el Parque Ameghino, en Parque Patricios. Este último fue habilitado en 1867 durante un brote epidémico, y cerró sus puertas cuando llegó al límite de sepultura de 18 mil cadáveres, con la fiebre amarilla de 1871. Una situación similar se vivió en el cementerio viejo de la Chacarita, ubicado en el terreno que hoy ocupa el Parque Los Andes
En el cementerio de la Recoleta funcionó un camposanto, la huerta y los jardines de los monjes recoletos. Este lugar fue el primero de los entierros públicos que tuvo la Capital Federal, inaugurado el 17 de noviembre de 1822, como consecuencia de la reforma religiosa llevada a cabo por Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno bonaerense. Desde entonces, las familias más tradicionales de Buenos Aires eligieron este lugar para levantar suntuosas bóvedas, que perduran hasta hoy."
Como fantasmas dispersos por los distintos barrios, mi barrio, Villa Urquiza tambièn tiene su "cementerio tapado" , allà por 1875 se dispuso la creaciòn de un cementerio en el solar comprendido por las calles Miller, Monroe, Valdenegro y las vías del Ferrocarril Mitre, que albergò entre otros los restos de Marcos Sastre.
Poco tiempo después de instalado el cementerio los vecinos, que ya empezaban a afincarse en la zona, elevaron sus protestas e iniciaron las gestiones para que fuera trasladado. En 1898 lograron su objetivo, los restos fueron trasladados al de La Chacarita, salvo los de Marcos Sastre que fueron al de Recoleta. Ahora en dicho predio hay una plaza, un tanto lùgubre que recoge las leyendas de fantasmas y aparecidos de la zona.

Fuente:
http://www.pagina12.com.ar.
http://www.periodicoelbarrio.com.ar/nota_setiembre2011.

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