Arq. Liliana Adamo, en Google+

lunes, 22 de octubre de 2012



Esta es la carta de un hermano a otro en un día cercano  al día de la madre.
 Querido hermano,
 
Ser mamá es una tarea complicada, pero los hijos, a pesar 
de ser mayores, la hacemos más difícil. Piensa en esto:
 Ella nos enseña a sentirnos valiosos e inteligentes, y lo hace
 tan bien, que después nos creemos mucho más inteligentes 
que ella.
 
Todo lo que tiene nuestra madre es parcialmente nuestro, todo 
lo que tenemos los hijos es totalmente propio.
 
La mamá es para muchos la responsable de todo lo que no
 funciona en nuestra vida.
 Ella, como tal, nos debe perdonar aun las ofensas más graves.
 Nosotros, como hijos, la resentiremos y la juzgaremos durante 
años, aun por pequeñeces.
 Los hijos podemos opinar con todo el derecho sobre lo que hace,
 deja de hacer o debería hacer, pero le exigimos con firmeza que
 respete nuestra privacidad y autonomía.
 Es común que tengamos al alcance de la mano la lista de lo que,
 a nuestro juicio, hizo mal o dejó de hacer por nosotros, pero 
pocas veces recordamos concretamente todo lo que nos dio, 
ayudó y benefició.
 
Con frecuencia le reprochamos no haber expresado su afecto 
por nosotros en la manera que esperábamos y usamos esto 
como pretexto para no demostrarle lo que sentimos de una 
forma que ella realmente perciba. 
(Tiene que ser ella la culpable.)
 Los defectos los heredamos de ella y las cualidades las 
tenemos a pesar de ella.
 Ella se quitó el pan de la boca para darnos la mejor educación 
posible y ahora nos sentimos más refinados que ella.
Queremos que nuestra madre sea una muy buena abuela, que esté
pendiente de sus nietos, pero que no se meta con la educación de
 nuestros hijos.
Nos gusta que nuestra madre se sienta agradecida con nosotros 
porque decidimos, sin consultarle, lo que consideramos mejor 
para su vida. (Probablemente es lo más conveniente para nosotros.)
 Agradecidos con mamá, en el día de la madre, de afán le compramos
 una tarjeta barata, un regalo cómodo y la invitamos a comer nuestra
 comida favorita.
 
Y en unos años nos quejaremos de lo desagradecidos y duros que 
> son nuestros hijos con nosotros.
Bueno, sé que todo lo anterior es cierto, pero no en mi caso.
 P.D.: Por favor no le muestres esta carta a mamá.

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